Desde la ignorancia...
La Enciclopedia de la ignorancia de Kathrin Passig y Aleks Scholz, que en la colección “imago mundi” dio a conocer editorial Destino en 2008, nos dibuja exactamente esos paisajes inexactos, más numerosos de lo que podría esperarse.
Entre lo imaginado y lo verdadero hay, seguramente, más diferencias que concordancias, y de las concordancias existentes muchas no han sido del todo demostradas. Las demostradas componen por el momento lo que conocemos como Conocimiento. Sin embargo, los avances de la ciencia (y no sólo tecnológicos, sino también los avances en la complejidad de los procesos de pensamiento) nos han llevado a descartar o replantear nociones que considerábamos universales, como la de Gravitación establecida por Newton, a la que siglos después la Relatividad de Einstein hizo todavía algunas precisiones.
El planteamiento de esta Enciclopedia… es justo ése: hacer un repaso de las creencias, las verdades probadas (conocimiento) y, principalmente, las verdades por probar respecto de 42 temas tales como el agua, los ciempiés, la cinta autoadhesiva, la estrella de Belén, el follaje otoñal, la lluvia roja, la materia oscura, el ronroneo, el sueño y las tendencias sexuales. Es decir, temas de ayer, mañana y siempre.
Entre los enigmas matemáticos, algunos parecen sacados del western o ciertas películas de acción: problemas a cuyas respuestas se les he puesto buen precio, o que brindarían, por ejemplo, la posibilidad de descifrar la protección de los sistemas bancarios mundiales.
Entre los naturales, quizá los más intrigantes sean los que se refieren al propio ser humano: de qué manera conseguimos tal o cual estatura; por qué nos quedamos miopes; existe o no la eyaculación femenina (que, obviamente, no por ser femenina es ajena al interés del resto de nosotros); o por qué bostezamos. Enigmas para los cuales, en la mayoría de los casos, hemos tenido largo tiempo una respuesta equivocada (es decir, no los considerábamos enigmas), o respuestas numerosas e inexactas.
Cabe la posibilidad de que el lector ya posea gran parte de los conocimientos que aquí se exponen. Para esta clase de lector, sin embargo, podría resultar interesante conocer el planteamiento que hacen los autores de esta obra, y no el ya mencionado planteamiento metodológico, sino el literario: hacen posible que los temas de este libro –algunos de ellos demasiado especializados o bizarros para insertarse sin más en una conversación– le resulten tan asequibles al lector como cualquier otro tema medianamente interesante o medianamente complejo.
Ése, el de hacer coloquiales los más impresionantes adelantos de la ciencia, es quizá el enigma primordial que encierra este magnífico libro, pues como escribiera el maestro Monterroso: “Excepto mucha literatura humorística, todo lo que hace el hombre es risible o humorístico”. Y este libro nos permite reír, con conocimiento de causa, de la magnitud de nuestro propio desconocimiento.
Kathrin Passig, Aleks Scholz (Traducción de Carles Andreu y Mercedes García Garmilla). Enciclopedia de la Ignorancia. Editorial Destino. Colección "imago mundi". México, 2008. 296 pp.
ISBN: 978-607-8-00018-0
Novato del Western
Pienso que las viejas películas de vaqueros son sobre todo una particular manera de glorificar el cinismo. Y sin afectación o alarma lo digo: es sólo un apunte.
Una buena película de vaqueros es una forma emocional de vivir esa experiencia que nos brindan los hermanos Marx: importan tanto la coreografía como los deslumbrantes diálogos, complementándose, dotándose de diferentes significados. Entrando en la obviedad de la diferencia de géneros (comedia/western), una caracterísitca en particular de tan evidente distinción (que sin embargo, me interesa enunciar) tiene que ver con una dicotomía moral muy fácil de encontrar en la idea del western (que representa, o al menos nos boceta un orden), mientras que con los Marx no hay un orden posible, sino un (meticuloso) desorden permanente.
Bellísimas resultan esas obras en las que, a pesar del claramente dibujado orden de cosas (quiénes son los buenos, quiénes los malos), uno no puede dejar de intercambiar emocionalmente dichos roles, evidenciando cómo una estructura bipartita resulta (en ocasiones, por lo menos) insuficiente.
En todo caso, también hay algo de ópera en el western. O, volviendo a los Marx, esas voces musicales (como la bocina que Harpo lleva en la cintura, la cual sustituye su voz): la armónica de Charles Bronson en Érase una vez en el oeste, o la alarma del reloj de Gian María Volontè, el Indio de Por unos dólares más.
Podría decirse que este último detalle obedece, más que a una característica del género, a la participación de Ennio Morricone en la composición de la música de ambas películas, o quizá al trabajo de Sergio Leone como su director (o a ambos motivos, quizá). Pero yo, como novato y entusiasta aficionado al cine de vaqueros, sólo apunto aquello que va llegando ahora a mi mente.
Más curioso me ha resultado darme cuenta de cuán evidente es la influencia de estas obras (el espaguetti western) en la realización de la película Kill Bill, de Tarantino. Aunque esta película me gustó muchísimo, nunca tuve más ganas de verla de nuevo (ni la entendí tanto, o al menos nunca me sentí en posibilidad) como ahora, que he disfrutado de algunos de los clásicos del cine de vaqueros.
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versión
que el mar no existe.
es un truco de Homero para demorar el viaje.
sólo un gesto enigmático de Turner.
Verne urdió en ese ardid su eléctrico rebaño.
otro cuento que nace de una foto trucada.
una escena mentida como el hombre en la luna.
una blasfemia digna de otra Inquisición.
que el mar no existe ni nos hace falta.
ya tenemos desierto y sol y cordilleras;
y si hay un río, va a ninguna parte.
que el mar no existe.
es tan sólo pretexto de náuticas caballerías.
que por algo este sitio fue llamado Tierra.
es un truco de Homero para demorarlo todo.

