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Miguel Gaona
In:
de Raíces...
Alzar el labio –levadura de sangre–
y dar un beso, arar heridas,
tocar un cuerpo arqueado levemente,
callar y darse,
en el linde dorado hablar sin tregua
–reinos de ayer y de ahora en adelante–
de las venas sin sangre hundidas como runas,
del amor en el muslo hinchándolo de sangre,
de la sangre de olor brotando de los sexos,
de la sangre vaciada en lodos de la guerra.
Tales palabras dichas sin secretos
no romperán cristales ni armaduras,
mas su fragor,
como el ruido de un río que se acerca,
encontrará su flujo verdadero:
ya es un flujo sagrado
que ha logrado romper los diques naturales.
[Poema publicado el pasado 10 de noviembre en Laberinto, suplemento cultural del diario Milenio, y perteneciente al libro Raíces de sangre y oro (La Fragua, 2005)]
y dar un beso, arar heridas,
tocar un cuerpo arqueado levemente,
callar y darse,
en el linde dorado hablar sin tregua
–reinos de ayer y de ahora en adelante–
de las venas sin sangre hundidas como runas,
del amor en el muslo hinchándolo de sangre,
de la sangre de olor brotando de los sexos,
de la sangre vaciada en lodos de la guerra.
Tales palabras dichas sin secretos
no romperán cristales ni armaduras,
mas su fragor,
como el ruido de un río que se acerca,
encontrará su flujo verdadero:
ya es un flujo sagrado
que ha logrado romper los diques naturales.
[Poema publicado el pasado 10 de noviembre en Laberinto, suplemento cultural del diario Milenio, y perteneciente al libro Raíces de sangre y oro (La Fragua, 2005)]
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