en la doblada redondez del mapa
/cautivo del cristal/
un barco se ha extraviado

como carta de un náufrago
es rendida creación del miedo y la esperanza

no puede ver la luz con que un faro tras otro
alumbran su camino, y no atiende a sirenas
ni a leyendas de antiguas rutas sin retorno

de unas aguas anda hacia otras aguas
con el único impulso y pulso del aliento

con su sombra dibuja peces de colores
que se bañan de día en las olas de mi mano


[vaya este poema como regalito a mi hermano, que me trajo un barquito de Tampico, y a Natalia, que lo hizo antes dando motivo a este texto del año pasado]