Pienso que las viejas películas de vaqueros son sobre todo una particular manera de glorificar el cinismo. Y sin afectación o alarma lo digo: es sólo un apunte.

Una buena película de vaqueros es una forma emocional de vivir esa experiencia que nos brindan los hermanos Marx: importan tanto la coreografía como los deslumbrantes diálogos, complementándose, dotándose de diferentes significados. Entrando en la obviedad de la diferencia de géneros (comedia/western), una caracterísitca en particular de tan evidente distinción (que sin embargo, me interesa enunciar) tiene que ver con una dicotomía moral muy fácil de encontrar en la idea del western (que representa, o al menos nos boceta un orden), mientras que con los Marx no hay un orden posible, sino un (meticuloso) desorden permanente.

Bellísimas resultan esas obras en las que, a pesar del claramente dibujado orden de cosas (quiénes son los buenos, quiénes los malos), uno no puede dejar de intercambiar emocionalmente dichos roles, evidenciando cómo una estructura bipartita resulta (en ocasiones, por lo menos) insuficiente.

En todo caso, también hay algo de ópera en el western. O, volviendo a los Marx, esas voces musicales (como la bocina que Harpo lleva en la cintura, la cual sustituye su voz): la armónica de Charles Bronson en Érase una vez en el oeste, o la alarma del reloj de Gian María Volontè, el Indio de Por unos dólares más.

Podría decirse que este último detalle obedece, más que a una característica del género, a la participación de Ennio Morricone en la composición de la música de ambas películas, o quizá al trabajo de Sergio Leone como su director (o a ambos motivos, quizá). Pero yo, como novato y entusiasta aficionado al cine de vaqueros, sólo apunto aquello que va llegando ahora a mi mente.

Más curioso me ha resultado darme cuenta de cuán evidente es la influencia de estas obras (el espaguetti western) en la realización de la película Kill Bill, de Tarantino. Aunque esta película me gustó muchísimo, nunca tuve más ganas de verla de nuevo (ni la entendí tanto, o al menos nunca me sentí en posibilidad) como ahora, que he disfrutado de algunos de los clásicos del cine de vaqueros.

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